miércoles, 23 de enero de 2013

Federico Andahazi vuelve a Puerto Madryn

El autor de “El Anatomista” y “Pecar como Dios manda” estará el viernes en el Hotel Rayentray para presentar “El libro de los placeres prohibidos”.
Federico Andahazi vuelve a Puerto Madryn para inaugurar el Ciclo Verano Planeta con la presentación de su último trabajo, “El libro de los placeres prohibidos”, una novela ambientada en la época medieval donde un crimen irresuelto y un juicio a un conocido personaje de la historia universal se mezclan para dar lugar a un atrapante thriller.
De la mano de Editorial Planeta, la Municipalidad de Puerto Madryn y Grupo Jornada los amantes de la literatura tendrán la posibilidad de dialogar con sus autores preferidos en esta tercera edición del ciclo, que se inaugura el viernes 25 a las 21 con la presencia de Andahazi.
El autor viene de presentar el libro fuera del país. “Acabo de llegar de Punta del Este. Estuve en Mar Del Plata, Pinamar y tengo con muchas ganas de ir a Puerto Madryn”. “Ya estuve otras veces y la verdad es que la paso muy bien. Si fuera por mí me quedaría a vivir. Es divino”.
El Ciclo Planeta Verano es una propuesta con quince años de historia en las principales ciudades del verano argentino y que, gracias a la repercusión que tuvo en turistas y madrynenses, posicionó a la localidad como uno de los tres destinos turísticos en los que se realiza.
“Por suerte y para mi sorpresa las charlas literarias se llenan de gente. Algunos medios nos quieren hacer creer que la literatura no le importa a nadie pero eso no es así de ninguna manera”, aseguró. “Uno se pregunta quién se va a meter a las ocho de la noche a escuchar a un escritor teniendo la playa ahí enfrente, y así y todo se llena, lo cual es una buena señal. Quiere decir que no estamos perdidos”.
En una entrevista concedida a FM Tiempo de Puerto Madryn (99.1) y al ser consultado sobre cómo los lectores catalogan sus libros, Andahazi aseguró: “Por una necesidad casi humana la gente tiende a clasificar las cosas y no está mal; el universo se ordena un poco más cuando se lo clasifica, así que los libreros y los lectores tienden a clasificar a la literatura y la literatura no se deja clasificar muy fácilmente”.
Aclaró que “pareciera estar de moda cierta literatura erótica pero, más allá del juicio que me merece esta literatura, después de quince años del escándalo del libro “El anatomista” (ver columna izquierda), veo con cierto agrado que ahora parece ser que no hay problema con este tipo de libros y sobre todos las mujeres pueden leer esta literatura erótica, sin ningún pudor. Me parece un avance”.
El autor contó que muchas lectoras que “arrancaron leyendo estos libros eróticos, están leyendo mi libro, pero yo pienso que la narrativa no tiene la única función de describir situaciones eróticas como una sucesión de descripciones. La literatura y es lo que yo pretendo, nos interroga sobre el origen de las cosas, no solamente la descripción de la sexualidad, sino en qué momento la sexualidad dejó de ser algo sagrado, porque antiguamente en la época de los pueblos babilónicos era sagrada y se ofrecía en los templos, y eran las sacerdotisas las que daban sexo dentro del templo. Así valía la pena ir a misa”, broméo.
“El sexo pasó de ser algo sagrado a ser algo prohibido. La historia me da la posibilidad de ver de qué manera se dan esos cambios, sobre la existencia misma del ser humano y eso no puede eludir la cuestión sexual o erótica; así que quien decide qué es un libro es el lector, y si hay lectores que piensan que mis libros son eróticos bienvenidos sean, si para otros son históricos me parece perfecto y si para otros son novelas policiales me parece muy bien. Todo eso constituye a la literatura”, expresó el autor, quien definió que “El libro de los placeres prohibidos representa casi toda su literatura desde “El anatomista”.
- Próximos autores :
El ciclo continuará el viernes 1 con Felipe Pigna y “Evita” mientras que una semana después, el periodista y crítico enogastronómico Pietro Sorba hablará de “Nueva cocina argentina”, su último libro. Walter García Moreno presentará “Piedra Parada” el 15 de febrero y el cierre del ciclo será el viernes 22 con Juan Mora y Araujo y Federico Ribero presentando “Inspirar/ el arte de vivir mejor”.

* FUENTE :

sábado, 19 de enero de 2013

Segunda "FERIA del LIBRO INDEPENDIENTE y AUTOGESTIVA" (Puerto Madryn)

La Feria del Libro Independiente y Autogestiva es un espacio alternativo de libre participación, sin sponsors, partidos, ni marcas. Es un encuentro de personas que desean impulsar y generar otra forma de hacer, vivir y consumir cultura.
 Participan:
Infamia Trascendental
Nososunder
Bruno di Benedetto
Marvelous y los Amigos del Casio
Fela Tylbor y Liliana Arroyo
Revista Ficciones Patagónicas
Escuelita Las Calandrias
Fernanda Maciorowski
Paula Maciorowski (grabados y pinturas)
Revista Pasado Por Venir
Remitente Patagonia
Gerard Qui
Unification Distro
Abyss Diamond
Elbio Mellado
Revista Darse Vuelta
Vanesa Yuli Prieto
Natalia Castro
Carwyn repostería galesa
Chubutense hasta la médula
Copa Desnuda (música latinoamericana)
DOMINGO, 27 de ENERO (2013)
de 17 a 22 horas
Roque Sáenz Peña, entre M.A. Zar y Mitre
Puerto Madryn

domingo, 6 de enero de 2013

Osvaldo Soriano y los gatos ..

 Osvaldo Soriano, escritor argentino ya fallecido, sentía un gran amor por los gatos. Escribió este maravilloso texto que viene a continuación, donde gatos, relatos y escritores conviven "en perfecta armonía"... ¡Que lo disfrutéis!
(...) El día que nací había un gato esperando al otro lado de la puerta. Mi padre fumaba en Mar del Plata, en el patio. Mi madre dice que fue un parto difícil, a las cuatro y veinte de la tarde de un día de verano. El sol rajaba la tierra. Los jóvenes Borges y Bioy Casares paraban cerca de ahí, en Los Troncos alucinando las historias de don Isidro Parodi. A Borges lo seguían los gatos. En una de sus fotos más hermosas está junto a María Kodama, que tiene uno en brazos; Borges lo acaricia como a un amigo.
A mí un gato me trajo la solución para Triste, solitario y final. Un negro de mirada contundente, muy parecido a Taki, la gata de Chandler. Otro, el negro Veni, me acompañó en el exilio y murió en Buenos Aires. Hubo uno llamado Peteco que me sacó de muchos apuros en los días en que escribía A sus plantas rendido un Ieón. Viví con una chica alérgica a los gatos y al poco tiempo nos separamos.
En París, mientras trabajaba en El ojo de la patria, en un quinto piso inaccesible, se me apareció un gato equilibrista caminando por la canaleta del desagüe. Para sentirme más seguro de mi mismo puse un gato negro al comienzo y uno colorado al final de Una sombra ya pronto serás. Para decirlo mal y pronto: hay gatos en todas mis novelas. Soy uno de ellos, perezoso y distante. Aunque nunca aprendí la sutileza de la especie. Ahora mismo, una de mis gatas se lava la manos acostada sobre el teclado y tengo que apartarla con suavidad para seguir escribiendo.
Hace cinco meses que no prendemos un cigarrillo. Juntos sufrimos el vejamen de la abstinencia y la vida limpia. Hace unos meses esta habitación era un quemadero de fragancias maravillosas. Tabacos de la Argentina, de Cuba y de Holanda, ya no; resignamos algo de la utilería que compone a los duros: cigarrillos, sombrero, impermeable, el revólver de juguete. Los fantásticos vampiros de Matheson, entre los que estaban Laurel y Hardy, y el realismo romántico de Chandler, sobreviven a las modas y las vanguardias porque el lector quiere verse ahí en sangre de papel. Necesita leer sus miedos.
Con eso Stephen King escribe ahora una obra excesiva e inquietante. En uno de sus libros, un personaje acusa de plagiario al narrador, le mata el gato y se lo deja frente a la puerta. Es un momento insoportable en la literatura de terror. Algo cercano a los escalofriantes efectos de H.P. Lovecraft. Todos los escritores con corazón se han ganado un gato que los sigue y los protege. Tal vez el de Gibbins, cercado por el fuego, le haya pedido auxilio en nombre de los gatos inspiradores: el del Dante, el de Baudelaire, el de Lewis Carrol, el de Borges. Y ahí fue el director de pobres películas, a purificarse en el incendio y cumplir con el ritual de todos los demonios.
Un escritor sin gato es como un ciego sin lazarillo. No es posible usar al gato para nada personal, no hay manera de privatizarlos. En La noche americana, Francois Truffaut aconseja a los realizadores de cine no meterse jamás con un gato en acción. También me lo dijo Hector Olivera a la hora de escribir el guión de Una sombra ya pronto serás. ¿Cómo hacer para que dos gatos de cine interpreten disciplinadamente a los que aparecen en la novela? Yo los puse en el libreto nada más que para aplacar mis miedos. Con una sonrisa; Olivera me dijo que estaba loco: un gato actor, el negro, tendría que seguir al personaje de Miguel Angel Solá, lavarse a su lado. comerse una laucha y echarse a dormir. El otro, un colorado, aparece al final, poco después que Pepe Soriano, el Coluccini de la película, haya tenido una charla con Dios.
Olivera decidió que no hubiera gatos, pero creo que estoy a tiempo de convencerlo de que ponga al menos una silueta. Cuando hablábamos de eso, todavía Gibbins no se había arrojado al incendio. Yo creía, Dios me perdone, que Matheson se había muerto de viejo. Pero no: allí estaba, peleando frente al fuego, apartando maderas en llamas, abriendo un camino para que su gato pudiera escapar con él. En el revoltijo alcanzó a salvar una carpeta con su último manuscrito. Es que siempre cuando uno rescata un manuscrito, hay un gato adentro.
Cuando yo era chico mi gato Pulqui era mono, león, pirata y bandolero. Yo lo acechaba entre las plantas del jardín y me le tiraba encima con el cuchillo de madera entre los dientes. Ahora mi hijo combate contra la gata Virgula que le devuelve los golpes. Son arañazos de mentira, en un revoltijo de sillas volteadas y malvones floridos. Las suyas, como las mías antes, son fantasías de selvas y mares, de castillos y mosqueteros. Esos años felices e irrecuperables en los que uno aprende, si aprende algo, que los gatos nos traen a domicilio el misterio de la creación.
Chandler les atribuía toda la sabiduría y creía que provocaban la explosión creadora. Un día le pidieron que hablara de Philip Marlowe y prefirió que fuera Taki la que la hiciera por él. Pretendía que era la gata quien escribía sus novelas bien entrada la noche: A mí suele pasarme algo parecido. Richard Matheson perdió todo: la casa, los muebles y los premios, pero alcanzó a salvar lo esencial: esa mirada que lo sostiene por las noches, cuando la palabra no viene y la novela no avanza. Esa mirada que nos atornilla al sillón, ese ronroneo que precede a la llegada del diablo. Poe, Lovecraft y Matheson asociaron los gatos al horror; en los dibujos animados Willam Hanna y Joe Barbera le dieron a Tom el papel de víctima y al ratón Jerry el de la picardía.
El gato Félix fue un gran héroe yanqui de los año treinta, puritano y travieso. El Fritz the Cat, de Ralph Baskhi y Robert Crumb, sintetizó los eróticos y crueles años de mi juventud; apareciendo en 1968, Fritz es el primer gato de dibujo que vuelve de Vietnam, se droga, callejea de un prostíbulo a otro, fuma como un escuerzo, duerme con las mejores chicas, incluida su hermana, y termina asesinado por una gata vieja a la que había abandonado en tiempos mejores. En cambio, Walt Disney detestaba a los gatos. Recién en 1970 se decidió a crear un personaje que, por supuesto, no le dejó éxito ni plata. Disney era uno de esos tipos que nunca se hacen querer por los gatos. Creo que fue Chandler quien lo dijo. No se si en la biografía del detective Marlowe o en la propia.
Hace unos días, una investigadora que prepara un libro de reportajes a escritores argentinos nos pidió a sus entrevistados que trazáramos cada uno una breve autobiografía. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo hablar de nosotros si no sabemos quienes somos? Le dije que yo no tengo biografía. Me la van a inventar los gatos que vendrán cuando yo esté, muy orondo, sentado en el redondel de la luna.
  * FUENTE :